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jueves, 29 de octubre de 2020

Sueño sin sueño

 Anoche soñé que estaba vivo, 

y que el aire golpeaba mis labios. 

Era frio, como mi cuerpo inerte, 

como esta sala enorme donde me alojaron. 

Las lagrimas ya se han fundido en los cuerpo cansados, 

que resignados toman café escaleras abajo. 


Anoche soñé que seguía vivo, 

y la tristeza tocó mis parpados, 

Prefiero estar muerto en esta caja 

y olvidarme de que alguna vez fui parte, 

de este enorme desfile de desalmados.

martes, 12 de mayo de 2020

Dimisión


No esperaba sobrevivir en el silencio, pero estoy
Temerosa por lo que nunca escuché
Con el viento aún trayendo aromas
Mas hecha coraje y soledad

Entonces tomo mi cuerpo  
Y renuncio
A la voz de la noches desmembradas
A la insignificancia de la esperanza
A la broma del tiempo y sus excusas

Renuncio a estas historias que son prestadas
A este hacerme pedrada y deseo
A los pies sangrantes de escuchar e inventar finales
A unos dedos que nunca habitaron el gemir de los vuelos

Renuncio
A decir adiós
Al desierto
A la tormenta y las preguntas
A seguir inventando peligros
Y a la fatalidad que las cosas sucedan

jueves, 30 de abril de 2020

Se disparan cifras de fiestas Pandémicas


Padres que vuelven a ser Adolescentes | SuperMujer Revista

Mientras que en semanas pasadas fueron noticia las fiestas virtuales y las enormes ganancias que pudieron recuperar las empresas que rápidamente se adaptaron a esta modalidad de servicio; esta semana van en aumento las fiestas pandémicas que denunciamos en días pasados por este mismo medio.

Miles de personas se están dando cita en redes sociales como Facebook o Instagram, para reunirse en diferentes ciudades de Colombia a “morir acompañados”. Afirma Michael Moon Lee, alto funcionario de la organización mundial de la salud.

Según el vocero de la OMS para asuntos del Covid-19 “todo empezó en Bogotá, donde un grupo de cuarenta y dos personas que habían departido en una fiesta quedaron todas contagiadas, tras dar positivo en la prueba de detección; secretamente se fueron todos a pasar la cuarentena en medio de excesos y prácticas mundanas”.

Tras publicar un blog con su manifiesto “Las fiestas pandémicas” y colgar videos en redes sociales, está practica rápidamente se viralizó tomando una variante; las personas que se juntan en estos bacanales pandémicos tienen enfermedades con alta comorbilidad con el Coronavirus, y dan por sentada su muerte. El psicólogo clínico Orlando Mora Viña afirma que, “es necesario psicoeducar a nuestras familias y a la población en general, no es una garantía morir si se tiene enfermedades crónicas como el Asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica; lo que está matando a nuestros jóvenes es el pánico generalizado que embarga al mundo entero, y por supuesto la inmensa cantidad de drogas que están inhalando”.

Por su parte el Papá ha dedicado unos minutos de su última último Angelús virtual a bendecir las familias colombiana y a rogar a Dios por estás almas salidas del “rebaño”. En palabras del primer ministro de la iglesia, “Dios debería viralizarse a la misma velocidad de la pandemia si queremos tener futuro como especie”.

Mientras la policía investiga este extraño fenómeno de la mano de psicólogos, chamanes y exorcistas, el presidente ha pedido a las familias estar en contacto con sus hijos y llamar al 123 si se evidencian actitudes o pensamientos extraños en los adolescentes. El presidente ha dicho que las fiestas pandémicas serían culpa de la izquierda que estaría adoctrinando jóvenes para que odiando al sistema se enfermen y oscurezcan el manejo que ha hecho el gobierno. “La izquierda se olvida que las familias colombianas son buenas y dignas y no caerán en esos juegos”.

domingo, 19 de abril de 2020

Orquesta de barrio


Martes 7 de abril de 2020


Mi vecino de vez en cuando coloca música cristiana a todo volumen, yo un par de veces lo he retado con la música que me devuelve la voz. A lo mejor el hombre espera que cuando acabe el aislamiento corramos a rogarle que nos indique el camino de la salvación, mas en este momento los milagros andan escasos, así que no le auguro futuro en su cruzada musical.

Los primos, cuando la tía sale, aprovechan y se echan su porro, inundan mi cuarto de olor y entonces siento el sonido afónico de sus toses. Un ukelele que los conecta con la pachamama pero nunca con el otro, son los hijos de puta que abundan en el mundo, con anhelos de ser distintos, de estar conectados con la tierra, andan por ahí, siendo indiferentes a sus propias crisis.

Dos veces al día suena el teléfono que me conecta con la familia de afuera, la que tienen un sueño de dos años, un sueñito pequeñito. Aún no entiende de encierros y pandemias, tan solo se levanta a buscar juguetes y soltar sonrisas. Espero poder mostrarle algunas músicas que la vida me ha puesto en el camino, para que aprenda un poco de lo que es caminar torcido.

El vecino que se sentaba en la banca del frente a fumar tabaco puro, ha tenido que dejar su ruido de humo. A eso de las nueve de la noche entonaba una melodía pesada, invasiva, pensaba en lo aburrido de su casa hasta para fumarse su tabaco. Ahora estará con dos cadáveres en su jardín y el olor a pucho en toda la casa, viviendo feliz. Cosas buenas que deja la cuarentena.

Mi cabeza hoy casi no ha sonado, entre limpieza de neveras y tareas pendientes, ha dejado de desangrar los pensamientos. Se esfuerza en sacar estas letras que golpean la hoja, tienen sed y no tengo un trago para darles. Hay vino, cerveza, cachaza, pero no les gusta, quieren veneno, ese que beben cuando los parques y las avenidas están llenas de gente, y entonces nos reímos y les inventamos historias, poemas, sexo, anhelos, suicidios, llantos, les inventamos una vida real.

lunes, 23 de marzo de 2020

Nota # 1

Sé que existió, que paseó flotando estos bosques endebles de la vida. Lo divisé entre una tribu de árboles y pude desdeñar sus ojos de estaño; su barba de tierra muy poblada y viva como el canto de las aves. Debajo suyo jugaba un riachuelo y las rocas aplaudían sus cabellos enredados como ramas; la luz se perdía entre el musgo asustado. 

Sé que existió, que rosó mi hálito con sus ojos nacarados, sé que ha ocultado sus cuaderno en las calles de la Mar.